La semana del 18 de julio se perfila como el epicentro del cine animado para todos los públicos. Y no lo digo en plan rutinario: los grandes estudios han sacado músculo (y carisma animado) para conquistar tanto a los peques como a sus sufridos acompañantes adultos. En esta esquina del ring, los nuevos Pitufos, con su propuesta musical cargada de estrellas. En la otra, Elio, una de esas rarezas entrañables made in Pixar que te hacen reír y llorar en el mismo fotograma.
Empecemos por lo más insólito: los Pitufos versionando Broadway. Sí, en serio. Esta nueva película, que lleva a los diminutos seres azules a un viaje lleno de ritmo, luces y escenarios cantones, es un musical animado en toda regla. Y no han escatimado en voces: Rihanna pone voz (y vozarrón) a Pitufina, mientras que Nick Offerman se encarga de Gargamel con un tono entre el rockero trasnochado y el villano de opereta. El resultado: un desfile de canciones pegadizas, coreografías imposibles y un toque de ironía pop que la aleja —por fin— de las pelis olvidables de pitufos en CGI que sufrimos hace unos años.
Lo interesante es cómo este reboot musical busca conectar con un nuevo tipo de público familiar, el que ha crecido entre TikTok, musicales de Lin-Manuel Miranda y bandas sonoras virales. Aquí no hay gags de pedos gratuitos ni slapstick forzado: hay una apuesta por el espectáculo sonoro, por los temas con mensaje y por una animación colorida que, sin reinventar la rueda, rueda muy bien.
Y justo al otro lado del espectro tonal, llega Elio, la nueva producción de Pixar, dirigida por Madeline Sharafian(recordada por Burrow) y Domee Shi, la mente tras Turning Red. La historia va de un niño solitario, un poco nerd, un poco soñador, que es abducido por error por alienígenas que creen que es el líder de la Tierra. Y lo que podría ser una comedia cósmica al uso, se convierte en una aventura emocional sobre identidad, pertenencia y aceptar quién eres, con bichos espaciales de todos los colores incluidos.
Elio no busca la espectacularidad visual de Lightyear ni el drama adulto de Soul. Es más sencilla, más tierna y bastante más directa. Pero también es uno de esos relatos que se clavan por su honestidad, por su manera de abordar el miedo a lo desconocido con humor y ternura. Y además, en tiempos donde Pixar está buscando reencontrarse con su público, esta película suena a regreso a casa más que a experimento galáctico.
Ambas películas, a su manera, reflejan el nuevo paradigma del cine animado familiar: ya no se trata solo de entretener a los críos mientras los adultos miran el móvil. Ahora se trata de crear historias que emocionen a todos, que conecten generaciones y que sirvan como evento de fin de semana compartido. Disney y Pixar lo saben, y también lo saben Paramount y Sony, que han apostado fuerte por sus azules cantantes.
Así que prepárate: este verano toca llorar con alienígenas y cantar con pitufos. Y la verdad, no se me ocurre mejor plan.