La Astronauta: Cuando el espacio exterior se queda pequeño para tanta mediocridad

¿Recordáis esa sensación de emoción infantil cuando veíais las estrellas, soñando con viajes intergalácticos y descubrimientos asombrosos? Pues olvidaos de eso por un rato, porque “La Astronauta” viene a recordarnos que no todo lo que brilla en el espacio es oro, a veces es solo un pedrusco espacial aburrido y sin gracia.

La película nos presenta a Sam Walker, interpretada por Kate Mara, una astronauta que regresa de su primera misión espacial con más preguntas que respuestas. Tras un aterrizaje forzoso, Sam es puesta en cuarentena en una lujosa casa, vigilada por la Nasa y por su padre adoptivo, el General William Harris (un Laurence Fishburne que parece estar cobrando por horas). A partir de ahí, la cosa se pone rara, muy rara. Ruidos extraños, alucinaciones, heridas que aparecen de la nada… Sam empieza a sospechar que no ha vuelto sola de su viaje espacial, y nosotros con ella.

Pero, ¡ay amigos!, aquí es donde la película empieza a tambalearse más que un astronauta borracho en la Luna. Lo que prometía ser un thriller psicológico con toques de ciencia ficción, se convierte en una sucesión de escenas repetitivas, jump scares baratos y una atmósfera tan densa que podrías cortar con un cuchillo de mantequilla.

La directora, Jess Varley, intenta crear suspense jugando con el aislamiento de la protagonista, pero el resultado es más bien tedioso. La película se desarrolla casi por completo en la casa, un escenario que, a pesar de ser visualmente atractivo, acaba resultando claustrofóbico y poco aprovechado. Kate Mara se esfuerza por darle credibilidad a su personaje, pero el guion no le da mucho margen de maniobra. Su Sam Walker es una mujer atormentada y vulnerable, sí, pero también plana y predecible.

Y qué decir del sonido… La banda sonora es un festival de percusiones estridentes que intentan elevar la tensión de las escenas, pero que acaban resultando molestas y fuera de lugar. Es como si el compositor hubiera decidido que la mejor manera de asustar al público es reventarle los tímpanos, una estrategia poco sutil y, en última instancia, ineficaz.

El argumento, que podría haber dado mucho de sí, se diluye en un mar de clichés y situaciones inverosímiles. Los militares parecen sacados de una película de serie B, incapaces de tomar una decisión coherente o de actuar con un mínimo de profesionalidad. Y el final… Ay, el final. Un desenlace tan anticlimático y decepcionante que te deja con la sensación de haber perdido hora y media de tu vida.

En definitiva, “La Astronauta” es una película que prometía mucho y que se queda en tierra de nadie. Una marcianada pretenciosa y aburrida que no consigue ni asustar, ni intrigar, ni emocionar. Si queréis ver una buena película de ciencia ficción, os recomiendo que busquéis en otra galaxia. Esta, desde luego, no merece la pena.

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