Cumbres Borrascosas: Fennell reinventa a Emily Brontë

Cumbres Borrascosas — Imagen destacada
Imagen proporcionada por TMDb (The Movie Database).

Después del éxito de ‘Una joven prometedora’ y ‘Saltburn’, Emerald Fennell vuelve a demostrar que es una de las voces más interesantes del cine contemporáneo. Su nueva adaptación de ‘Cumbres Borrascosas’, protagonizada por Margot Robbie, llega a los cines españoles este marzo con la promesa de reinventar uno de los clásicos más venerados de la literatura inglesa.

Y vaya si lo consigue. Fennell no se conforma con hacer una adaptación más del libro de Emily Brontë; construye un universo visual que dialoga con el texto original mientras establece su propio lenguaje cinematográfico.

Margot Robbie encuentra su Catherine perfecta

Si algo tenía claro desde el primer minuto es que Margot Robbie estaba destinada a interpretar a Catherine Earnshaw. La actriz australiana se despoja completamente de su imagen glamurosa para sumergirse en la complejidad psicológica del personaje de Brontë.

Su Catherine no es la heroína romántica que muchos esperarían. Es una mujer salvaje, contradictoria y profundamente humana que navega entre la pasión destructiva por Heathcliff y las convenciones sociales de su época. Robbie maneja estos contrastes con una naturalidad pasmosa, especialmente en las secuencias donde Catherine debe elegir entre su corazón y su posición social.

Jacob Elordi, por su parte, encarna un Heathcliff menos byroneano de lo habitual, más crudo y terrenal. Su química con Robbie es palpable, pero Fennell evita romantizar una relación que en el fondo es tóxica y autodestructiva.

El lenguaje visual de Fennell: entre lo gótico y lo contemporáneo

Visualmente, la película es un festín. Fennell y su directora de fotografía Robbie Ryan crean una paleta de colores que evoluciona con la narrativa: los verdes exuberantes de la juventud se transforman gradualmente en grises plomizos que reflejan la decadencia moral de los personajes.

Las localizaciones en Yorkshire cobran vida propia. La casa de los Earnshaw no es solo un escenario; es casi un personaje más que respira, cruje y se deteriora al ritmo de sus habitantes. Fennell utiliza la arquitectura gótica para crear una sensación de claustrofobia que se intensifica conforme avanza la historia.

La banda sonora, compuesta por Clint Mansell, merece mención aparte. Combina elementos clásicos con toques electrónicos sutiles que nunca resultan anacrónicos, sino que añaden una dimensión contemporánea al relato sin traicionarlo.

Easter eggs para los devotos de Emily Brontë

Aquí es donde Fennell demuestra su amor por el material original. La película está plagada de guiños que solo los lectores atentos del libro podrán captar completamente.

El más brillante aparece en una secuencia donde Catherine lee en voz alta, pero no del libro que tiene en las manos, sino de las páginas que Emily Brontë escribió sobre ella. Es un meta-momento sutil que funciona como homenaje a la autora sin resultar pretencioso.

Los nombres grabados en los marcos de las ventanas, las referencias veladas a otros personajes de las hermanas Brontë, incluso la forma en que Fennell estructura algunos diálogos como ecos directos del texto original… Todo está ahí para quien sepa buscarlo.

Especialmente inteligente resulta cómo la directora maneja el tema de la venganza. Sin spoilear nada, diré que Fennell encuentra una manera de visualizar la obsesión vengativa de Heathcliff que es tanto fiel al espíritu del libro como cinematográficamente potente.

¿Reinvención o traición al original?

La gran pregunta que se hacen los puristas es si esta adaptación respeta la esencia de Emily Brontë. Mi respuesta es un rotundo sí, pero con matices.

Fennell no moderniza la historia trasladándola al presente, sino que encuentra maneras contemporáneas de contar una historia del siglo XIX. Su enfoque en la psicología de los personajes, especialmente en cómo el trauma y la obsesión los moldean, conecta perfectamente con las preocupaciones actuales sobre salud mental y relaciones tóxicas.

Donde la película flaquea ligeramente es en su último acto. Fennell se toma ciertas libertades narrativas que, aunque comprensibles desde el punto de vista cinematográfico, pueden chirriar a quienes conocen el libro al dedillo. Sin embargo, el espíritu gótico y la intensidad emocional se mantienen intactos.

La película llega a España tras su paso por el Festival de Cannes, donde generó opiniones encontradas pero nadie pudo negar su impacto visual. Será interesante ver cómo la recibe el público español, tradicionalmente receptivo tanto al cine de autor como a las adaptaciones literarias bien hechas.

‘Cumbres Borrascosas’ de Emerald Fennell no es perfecta, pero es valiente, visualmente deslumbrante y emocionalmente honesta. Es el tipo de adaptación que no busca complacer a todos, sino crear su propia identidad cinematográfica. Y en eso, como en casi todo lo que toca, Fennell vuelve a acertar.

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