
Si pensabais que Netflix había aprendido la lección después de tres temporadas de Los Bridgerton, os equivocabais de medio a medio. La cuarta entrega de la serie ha conseguido lo que parecía imposible: cabrear a los fans más fieles con un agujero de guion tan grande que por ahí podría pasar una carroza de la Regencia entera.
El problema tiene nombre y apellidos: Benedict Bridgerton y su cronología imposible. Lo que debería haber sido la temporada de su redención romántica se ha convertido en un dolor de cabeza para los guionistas y una fuente inagotable de memes para Twitter.
El lío cronológico que tiene a todos revolucionados
Vamos al grano, que esto tiene miga. En la tercera temporada, Benedict tenía claramente establecida su edad y su posición en la cronología familiar. Pero ahora, en la cuarta, los guionistas han decidido que las matemáticas son más bien una sugerencia.
El personaje interpretado por Luke Thompson aparece en situaciones que, según la cronología establecida en temporadas anteriores, son completamente imposibles. No hablamos de pequeñas inconsistencias, sino de un salto temporal que rompe por completo la lógica interna de la serie.
Los fans, que se conocen la saga de Julia Quinn mejor que sus propios bolsillos, han saltado como resortes. En redes sociales no paran de señalar las contradicciones, y algunos incluso han creado líneas temporales detalladas para demostrar lo inexplicable del asunto.
La showrunner intenta apagar el fuego
Jess Brownell, la showrunner que tomó el relevo tras la salida de Chris Van Dusen, ha salido al paso de las críticas con explicaciones que, sinceramente, han convencido a pocos. En declaraciones recientes, ha intentado justificar el cambio como una “decisión creativa necesaria para el desarrollo del personaje”.
Según Brownell, la alteración temporal permite explorar aspectos de Benedict que de otra manera habrían quedado en el tintero. Una explicación que suena más a excusa que a planificación narrativa, especialmente cuando los propios actores han admitido en entrevistas su confusión inicial con los cambios.
La cosa se complica más cuando recordamos que Netflix renovó la serie hasta la octava temporada. Con semejante agujero en la continuidad, ¿cómo van a cuadrar las próximas entregas sin que parezca un rompecabezas imposible?
El impacto en la pareja protagonista de esta temporada
Lo más grave del asunto es cómo afecta esto a la historia de amor central de la cuarta temporada. Sin hacer spoilers, digamos que la relación de Benedict se ve directamente perjudicada por estos cambios cronológicos, creando situaciones que van desde lo inverosímil hasta lo directamente ridículo.
Los fans han señalado que el desarrollo emocional del personaje pierde credibilidad cuando su trasfondo temporal no tiene sentido. Es como intentar construir un castillo sobre arena movediza: por muy bonito que quede, tarde o temprano se viene abajo.
La química entre los actores principales sigue funcionando, eso hay que reconocerlo. Pero incluso la mejor interpretación del mundo no puede salvar un guion que no se sostiene por ningún lado.
Netflix y el dilema de las adaptaciones masivas
Este desaguisado de Los Bridgerton temporada 4 ilustra perfectamente los problemas de adaptar sagas literarias extensas para el consumo masivo en streaming. La presión por mantener el ritmo de producción y satisfacer las expectativas de audiencia a menudo lleva a decisiones creativas cuestionables.
En España, donde la serie se ha convertido en un fenómeno de masas, los comentarios en redes no han sido precisamente cariñosos. Los fans españoles, conocidos por su franqueza, han sido especialmente duros con lo que consideran una falta de respeto hacia la inteligencia del espectador.
La pregunta del millón es si Netflix aprenderá de este tropiezo o si seguirá por el camino de la improvisación narrativa. Con la quinta temporada ya en preproducción, esperemos que alguien en Los Gatos se tome en serio la continuidad antes de que el castillo de naipes se venga abajo del todo.
Porque una cosa está clara: los fans de Los Bridgerton tienen memoria de elefante y paciencia de santo, pero hasta los santos tienen un límite.