
Los Oscar 2026 han dejado una imagen que Ryan Coogler y todo su equipo preferirían olvidar. Los pecadores, el ambicioso drama criminal del director de Black Panther, acaba de conseguir el récord más doloroso de Hollywood: 11 nominaciones al Oscar sin llevarse ni una sola estatuilla dorada a casa.
Es la mayor debacle en la historia de los premios desde 1949, cuando Johnny Belinda se quedó con las manos vacías tras 12 nominaciones. Un récord que nadie quiere batir y que convierte a Los pecadores en sinónimo de frustración cinematográfica.
El peso de las expectativas: cuando todo apuntaba al triunfo
Los pecadores llegaba a la ceremonia como una de las favoritas indiscutibles. Las nominaciones abarcaban prácticamente todas las categorías principales: Mejor Película, Mejor Director para Coogler, Mejor Actor para Michael B. Jordan, Mejor Actriz de Reparto para Lupita Nyong’o, y un largo etcétera que incluía Cinematografía, Montaje, Sonido y Banda Sonora Original.
La película, que narra la historia de dos hermanos gemelos interpretados por Jordan en el Los Ángeles de los años 80, había conseguido el respaldo unánime de la crítica especializada. Con un 89% en Rotten Tomatoes y elogios por su dirección, interpretaciones y propuesta visual, todo apuntaba a que Coogler repetiría el éxito de Black Panther, pero esta vez en términos de reconocimiento académico.
Sin embargo, la Academia tenía otros planes. Una por una, las categorías fueron cayendo en manos de otros contendientes, dejando a Los pecadores en la incómoda posición de ser siempre finalista, nunca ganadora.
Anatomía de una derrota histórica: categoría por categoría
El primer golpe llegó temprano con las categorías técnicas. Mejor Sonido se fue a manos de Dune: Parte Tres, mientras que Mejor Montaje fue para Mad Max: The Wasteland. La Mejor Cinematografía, donde muchos daban como favorito al trabajo de Rachel Morrison, terminó en poder de The Brutalist.
Las categorías interpretativas fueron igual de esquivas. Michael B. Jordan, que había conseguido su primera nominación como Mejor Actor tras años de ser ignorado por la Academia, vio cómo el premio se lo llevaba Adrien Brody por The Brutalist. Lupita Nyong’o, nominada por segunda vez en su carrera, perdió ante Zoe Saldaña por Emilia Pérez.
El momento más doloroso llegó con Mejor Director. Ryan Coogler, que había demostrado con Black Panther su capacidad para combinar entretenimiento y relevancia social, vio cómo Brady Corbet se alzaba con la estatuilla por The Brutalist. Una derrota que dolió especialmente considerando que Coogler representaba una nueva generación de directores afroamericanos rompiendo barreras en Hollywood.
El contexto español: una derrota que se siente también aquí
Los pecadores había conseguido un éxito notable en España desde su estreno en febrero. Con más de 800.000 espectadores en nuestro país, la película demostró que el cine de Coogler conecta con el público español, especialmente entre los espectadores de 25 a 45 años que habían disfrutado con Black Panther y Creed.
Los cines españoles programaron sesiones especiales durante la semana de los Oscar, esperando capitalizar el éxito esperado en la ceremonia. Yelmo Cines y Cinesa incluso prepararon campañas promocionales con el eslogan “La película más nominada del año”. Ahora, esas mismas salas se enfrentan a la paradoja de promocionar “la película que más perdió en los Oscar”.
En las redes sociales españolas, la decepción ha sido palpable. Los hashtags #LosPecadores y #OscarInjusticia han sido tendencia durante horas, con miles de usuarios expresando su frustración por lo que consideran una injusticia histórica de la Academia.
¿Qué salió mal? El análisis de una debacle anunciada
Los expertos apuntan a varios factores que explican esta debacle histórica. En primer lugar, la saturación de la campaña. Los pecadores fue una de las películas que más dinero invirtió en promoción durante la temporada de premios, pero esto pudo generar un efecto contrario al deseado: fatiga entre los votantes de la Academia.
También jugó en contra la percepción de que era “demasiado comercial” para ciertos votantes. A pesar de ser una película de autor con un mensaje social profundo, el star power de Michael B. Jordan y el presupuesto de 80 millones de dólares la situaron en tierra de nadie: ni suficientemente independiente para los puristas, ni suficientemente mainstream para los que buscan espectáculo puro.
La competencia fue feroz este año. The Brutalist se erigió como la favorita de la crítica más exigente, mientras que Emilia Pérez conquistó a los votantes con su propuesta musical innovadora. Los pecadores quedó atrapada en el medio, respetada por todos pero amada apasionadamente por pocos.
Además, algunos analistas señalan el factor “Black Panther”: la Academia pudo sentir que ya había “premiado” a Coogler con el éxito de su anterior película, y que era momento de reconocer a otros talentos. Una lógica perversa que penaliza la consistencia artística.
Las consecuencias: más allá de una noche de decepción
Este récord histórico tendrá consecuencias que van más allá de la frustración de una noche. Para Ryan Coogler, supone un revés en su carrera que venía en una trayectoria ascendente imparable. El director, que había conseguido el equilibrio perfecto entre éxito comercial y reconocimiento crítico, se enfrenta ahora a la presión de demostrar que Los pecadores no fue un espejismo.
Para la industria en general, este resultado refuerza la percepción de que los Oscar siguen siendo impredecibles y que las campañas millonarias no garantizan el éxito. Sony Pictures, distribuidora de la película, tendrá que replantearse su estrategia para futuras temporadas de premios.
El impacto en la taquilla será mínimo, ya que Los pecadores ya había completado la mayor parte de su recorrido comercial. Sin embargo, las ventas en plataformas digitales y el futuro valor de catálogo de la película podrían verse afectados por esta percepción de “fracaso” en los premios.
Lo más paradójico de todo es que Los pecadores seguirá siendo recordada, pero por las razones equivocadas. Una película que merece ser vista por sus méritos artísticos quedará marcada para siempre como “la que más perdió en los Oscar”. Un estigma injusto para una obra que, independientemente de los premios, representa lo mejor del cine contemporáneo: narrativa sólida, interpretaciones brillantes y una dirección que confirma a Coogler como uno de los grandes talentos de su generación.
Al final, los Oscar son solo una noche. Los pecadores seguirá siendo la misma película excelente que era antes de la ceremonia. Pero en Hollywood, donde las percepciones lo son todo, este récord histórico pesará durante años. La pregunta ahora es si Coogler y su equipo sabrán convertir esta decepción en combustible para su próximo proyecto. La historia del cine está llena de genios que fueron ignorados por los premios en su momento. Quizás, dentro de unos años, recordemos esta noche como el momento en que la Academia se equivocó estrepitosamente.