Hay pocas cosas peores en el cine que salir de la sala sintiendo que te han dado exactamente lo que esperabas, ni más ni menos. Esa sensación extraña de satisfacción incompleta, de haber comido bien pero sin disfrutar del postre. Eso es lo que me pasó al terminar de ver la película que cierra una de las sagas más icónicas de la televisión reciente.
Birmingham bajo las bombas: el regreso de Thomas Shelby
Peaky Blinders: El hombre inmortal es la película que cierra —supuestamente de forma definitiva— la historia de los Shelby. Dirigida por Tom Harper y escrita, como toda la saga, por Steven Knight, nos lleva al Birmingham de la Segunda Guerra Mundial. Tommy Shelby, interpretado una vez más por un Cillian Murphy en estado de gracia, regresa a una ciudad devastada por los bombardeos nazis y se ve envuelto en misiones secretas que le obligan a enfrentarse tanto a nuevas amenazas como a los fantasmas de su pasado.
El reparto no es manco: Rebecca Ferguson, Tim Roth, Barry Keoghan y Stephen Graham acompañan a Murphy en una historia que promete más de lo que finalmente entrega. Pero vayamos por partes.
Murphy lo da todo, la película no siempre le acompaña
Si hay algo indiscutible en estos 112 minutos es que Cillian Murphy ES Tommy Shelby. Después de ganar el Oscar por Oppenheimer, el actor irlandés vuelve a demostrar que nadie habita un personaje como él. Cada mirada, cada silencio cargado de significado, cada calada a ese eterno cigarrillo… Murphy convierte incluso las escenas más flojas del guion en momentos magnéticos. Si alguien tenía dudas sobre si el salto de la serie al cine funcionaría, la respuesta está en su interpretación: sí funciona, pero casi exclusivamente gracias a él.
El problema es el guion. Steven Knight parece haber querido condensar lo que habría sido una temporada completa en menos de dos horas, y se nota. Las subtramas se atropellan entre sí. Barry Keoghan, que podría haber sido un antagonista memorable, aparece y desaparece sin que su personaje llegue a cuajar del todo. Rebecca Ferguson cumple con solvencia, pero su papel se siente como un boceto de algo que podría haber sido mucho más interesante con más tiempo para desarrollarse.
La ambientación de la Segunda Guerra Mundial es visualmente potente. La fotografía de George Steel y Ben Wilson captura un Birmingham sombrío y claustrofóbico que encaja como un guante con el tono de la saga. Hay planos realmente hermosos entre las ruinas, y la dirección de Tom Harper es competente, aunque carece de la personalidad visual que directores como Anthony Byrne imprimieron a las mejores temporadas de la serie.
Fan service con luces y sombras
Aquí está el gran dilema de esta película: funciona como despedida emocional para los fans, pero no consigue ser una experiencia cinematográfica independiente. Si no has visto las seis temporadas de la serie, muchas decisiones narrativas te van a dejar frío. Y si las has visto, probablemente vas a sentir que esta historia merecía más espacio para respirar.
La música de Antony Genn y Martin Slattery mantiene el espíritu industrial y sombrío que siempre ha definido el sonido de los Shelby, aunque se echa de menos algún momento musical que te ponga los pelos de punta como hacían los mejores episodios de la serie. Las escenas de acción están bien rodadas, con un par de secuencias de tensión que te recuerdan por qué esta franquicia enganchó a millones de espectadores en todo el mundo. No en vano, la película se ha convertido en número uno de Netflix en más de ochenta países.
Tim Roth es probablemente la incorporación más acertada del reparto. Su presencia aporta una gravedad que equilibra los momentos en los que el guion se vuelve demasiado autocomplaciente. Stephen Graham, por su parte, ofrece un par de escenas que son de lo mejor de la película, recordándonos lo que este actor es capaz de hacer con material decente.
Un adiós que sabe a poco pero no a mal
Peaky Blinders: El hombre inmortal no es una mala película. Es una película correcta que se queda a medio camino entre el cierre épico que la saga merecía y un episodio largo con presupuesto generoso. Cumple su función de dar un último paseo con Tommy Shelby por las calles de Birmingham, y hay momentos genuinamente emocionantes para quien ha seguido su historia durante años. Pero cuando los créditos aparecen, te queda la sensación de que Knight tenía una historia más grande que contar y que el formato no le dejó hacerlo.
Si eres fan de la serie, la vas a disfrutar. Si buscas una gran película de cine por derecho propio, puede que te resulte algo tibia. En cualquier caso, merece la pena verla aunque sea solo por confirmar que Cillian Murphy es uno de los mejores actores de su generación.
Puntuación: 6/10 — Un cierre digno pero contenido para una saga que en sus mejores momentos fue televisión de primera división. Murphy brilla, pero el guion no le da suficiente cancha.