
Después del éxito arrollador de Super Mario Bros. La Película, que recaudó más de 1.300 millones de dólares en todo el mundo, Illumination tenía el listón muy alto para su secuela Super Mario Galaxy. Sin embargo, lo que prometía ser una expansión natural hacia el cosmos se ha convertido en un ejemplo de cómo no construir una narrativa coherente.
El problema central no radica en los espectaculares escenarios espaciales ni en la animación, que mantiene el nivel técnico esperado del estudio francés. El verdadero lastre de la película es el plan maestro de Bowser Jr., tan incoherente que hace que las tramas de las peores secuelas de los años 90 parezcan obras maestras del guión.
El plan que no tiene sentido: Bowser Jr. y la lógica perdida
Bowser Jr. decide conquistar la galaxia utilizando las Supernova Stars para… ¿crear agujeros negros controlables? El guión, firmado por Matthew Fogel, parece haber olvidado las reglas básicas de causa-efecto que funcionaron en la primera entrega.
En la película original, Bowser quería casarse con Peach para unir los reinos. Simple, directo, comprensible para niños y adultos. Aquí, el hijo del rey Koopa pretende usar fenómenos cósmicos para “reorganizar el universo” sin explicar jamás qué significa eso exactamente.
La secuencia en la que Mario (Chris Pratt) y Luigi (Charlie Day) intentan seguir el rastro del villano a través de diferentes planetas se convierte en un ejercicio de paciencia. Cada mundo parece existir solo para mostrar un set piece visual, no para avanzar la historia.
Illumination pierde su fórmula mágica
Lo más frustrante es que Illumination demostró en 2023 que sabía adaptar Nintendo. La primera película equilibraba perfectamente la nostalgia gamer, el humor familiar y una estructura narrativa sólida. Super Mario Galaxy olvida esta lección.
El director Aaron Horvath, que codirigió la exitosa primera parte, parece perdido en la inmensidad del espacio. Las secuencias de acción, que en la película anterior tenían peso emocional, aquí se suceden sin pausa ni propósito claro.
La inclusión de Rosalina (Anya Taylor-Joy) como nueva protagonista tampoco ayuda. Su papel como “guardiana cósmica” suena imponente sobre el papel, pero el guión la reduce a dispensadora de exposition dump y deus ex machina cuando la trama se atasca.
El contexto español: expectativas vs realidad
En España, donde la primera película recaudó más de 25 millones de euros, las expectativas estaban por las nubes. Las preventas de Super Mario Galaxy apuntaban a cifras similares, pero las primeras reacciones del público español han sido tibias.
“Es bonita de ver, pero no entiendes nada”, comentaba una madre a la salida de los cines Kinépolis de Madrid. Esta frase resume perfectamente el problema: Illumination ha priorizado el espectáculo visual sobre la coherencia narrativa.
Los distribuidores españoles, que habían programado la película en más de 400 salas, ya están recalculando las proyecciones de taquilla para las próximas semanas.
¿Síntoma de un problema mayor?
El fracaso narrativo de Super Mario Galaxy podría ser síntoma de algo más preocupante: la presión por expandir universos cinematográficos sin tener historias que contar.
Nintendo, que mantuvo un control creativo estricto sobre la primera película, parece haber aflojado las riendas. El resultado es una secuela que se siente más como un producto corporativo que como una película.
La ironía es evidente: en su afán por conquistar la galaxia, Bowser Jr. refleja las ambiciones desmedidas de un estudio que ha perdido de vista lo que hizo especial su primera incursión en el Reino Champiñón.
Super Mario Galaxy no es un desastre total, pero sí una oportunidad perdida. En un momento en que las adaptaciones de videojuegos están encontrando su lugar en el cine, Illumination ha dado un paso atrás justo cuando más necesitábamos que diera dos hacia adelante.