
El cine español recupera este viernes 6 de noviembre a uno de los criminales más célebres —y peor documentados— de su historia. Sacamantecas, el tercer largometraje de David Pérez Sañudo, llega a las salas con Antonio de la Torre y Patricia López Arnaiz al frente de un reparto que reconstruye los crímenes de Juan Díaz de Garayo, el campesino analfabeto alavés que violó y mató a al menos seis mujeres y niñas en los estertores de la tercera guerra carlista y que terminó sus días en el garrote vil. La película no es un biopic al uso ni un juicio retrospectivo: es el retrato de una sociedad, la Álava de finales del XIX, que prefirió no mirar. Y es, según el calendario de estrenos de la semana, el único título nacional con recorrido real frente al regreso de Godzilla a la cartelera.
Los cinco destacados del día
- Estreno. Sacamantecas se estrena en cines el viernes 6 de noviembre de 2026, un día después de la fecha de esta información.
- Reparto. Antonio de la Torre da vida a Díaz de Garayo; Patricia López Arnaiz interpreta a la hermana de una de las víctimas. Completan el cuadro Josean Bengoetxea, Eneko Sagardoy y Haizea Carneros.
- Idioma. El filme está rodado en euskera y castellano, una decisión coherente con el territorio donde ocurrieron los hechos.
- Aval festivalero. Pérez Sañudo presentó la película en el Festival de San Sebastián en septiembre de 2026, antes de su llegada comercial.
- Competencia. El estreno coincide con el regreso de Godzilla a las salas y con otros títulos internacionales de peso, según el repaso de la semana que firma Europa Press.
Un asesino sin juicio claro
La historia de Juan Díaz de Garayo (1821-1881) es uno de esos casos que la memoria popular convirtió en leyenda antes de que nadie se molestara en verificarla. El «sacamantecas» era, en el imaginario de varias generaciones de niños españoles, un hombre del saco con el que se les amenazaba para que no se alejaran de casa. Detrás del mito había algo peor: un depredador real que actuó durante años en la provincia de Álava y al que las autoridades tardaron en detener.
Lo que interesa a Pérez Sañudo, según explicó el propio director durante la presentación del filme, no es el morbo sino el vacío documental. Cuando empezó a documentarse comprobó que lo que existía sobre el caso no despejaba las incógnitas sobre los crímenes ni sobre la identidad real del personaje. De ahí la elección de un relato de suspense: la película trabaja sobre lo que no se sabe, sobre las zonas oscuras de un sumario incompleto. Como recoge el retrato que publica Infobae, Díaz de Garayo empezó a eviscerar a sus víctimas en un intento deliberado de confundir a los investigadores, un gesto que la cinta lee como estrategia criminal y no como folclore gore.
Uno de los detalles que más llamó la atención del cineasta fue otro, casi mínimo: pocos días antes de ser ejecutado, el reo quiso aprender a leer y escribir. Ese dato, que no cambia nada del caso, sí cambia la mirada sobre el personaje. Un hombre que va a morir y que, en el último tramo, pide acceso a la palabra escrita. La película lo usa como bisagra entre el monstruo y el analfabeto que la España rural del XIX producía por miles.
Patricia López Arnaiz, la hermana que busca la verdad
El contrapeso narrativo es femenino. Patricia López Arnaiz, que venía de Los domingos y de 20.000 especies de abejas, interpreta a la hermana de una de las víctimas, una mujer empeñada en saber qué ocurrió mientras las instituciones de Vitoria trataban de taparlo. Su personaje es rígido, moldeado por el lugar y la época, y funciona como el motor que arrastra al espectador hacia la verdad de los hechos.
Frente a ella, Antonio de la Torre construyó un personaje que él mismo describió como «muy animal», que se mueve «de manera torpe y bruta» y que está lleno de silencios para ocultar «esa realidad oscura». No es un villano de carcajada: es una presencia física incómoda, opaca, sin psicología accesible. La pareja protagonista sostiene el pulso de un thriller de época que se apoya más en la atmósfera que en el golpe de efecto.
El reparto lo completan nombres de peso del cine vasco: Josean Bengoetxea (Patria, Celda 211), Eneko Sagardoy (Handia) y Haizea Carneros, en un cuadro reconstruido por ABC a partir del material de la productora. La ambientación se sitúa en una Álava profundamente desigual, con Vitoria convertida entonces en lo que la crónica negra de la época llamó la «ciudad de la muerte» por su índice de criminalidad.
Naturalismo, euskera y nada de espectáculo
El riesgo evidente de un proyecto así es convertir la violencia machista en entretenimiento. Pérez Sañudo ha declarado que huyó de cualquier mitificación y que rodó con una mirada naturalista que evita hacer espectáculo del sufrimiento de las mujeres asesinadas. Esa renuncia al plano efectista es, probablemente, la decisión más política de la película: el horror se sugiere, se reconstruye desde el fuera de campo y desde la investigación de quienes se quedaron vivos.
El otro rasgo diferencial es lingüístico. Sacamantecas está rodada en euskera y castellano, algo que en un thriller histórico ambientado en el siglo XIX alavés no es un adorno: es una toma de posición sobre quién habitaba realmente ese territorio y en qué lengua se contaba lo que allí pasaba.
San Sebastián como aval y la incógnita del arranque comercial
La película llegó a la cartelera con el respaldo de su paso por el Festival de San Sebastián, donde se presentó en septiembre de 2026 dentro de la programación del certamen. Ese recorrido festivalero, habitual en el cine de autor español, sirve para colocar el título en el radar de la crítica antes del estreno comercial, aunque no garantiza el rendimiento en salas.
El contexto de estreno no es sencillo. La semana del 6 de noviembre coloca a Sacamantecas compitiendo con el regreso de Godzilla a los cines y con otros estrenos internacionales, además de con Ruega por nosotras, otro de los títulos españoles que los medios sitúan en la misma hornada, según recoge Infobae. En esa ecuación, el filme de Pérez Sañudo es el que llega con el relato más reconocible para el público general: un caso real, un nombre que suena de la infancia y dos intérpretes de primera línea.
Falta por ver si el tirón del true crime histórico funciona en taquilla tan bien como en las plataformas. Los datos de recaudación del fin de semana serán la primera prueba real. Hasta entonces, la película ya ha conseguido algo poco habitual: devolver al centro del relato a las víctimas y a la sociedad que permitió que un asesino en serie actuara durante años sin que nadie frenara la cuenta.
Madrid, 5 de noviembre de 2026.