Susana Abaitua investiga dos niñas desaparecidas en Infamia

Infamia — fotograma oficial

«Infamia» no es de Netflix. La serie española que esta semana circula en las listas de estrenos más compartidas —y que muchas de esas listas atribuyen a la plataforma de Reed Hastings— llega el 13 de noviembre, pero aterriza en HBO Max. Lo hace con seis episodios, con Susana Abaitua al frente de un reparto de peso y con un gancho tan viejo como eficaz: dos niñas desaparecidas hace veinte años en un pueblo que sabe más de lo que cuenta. El dato se confirmó el 5 de noviembre y obliga a corregir la ficha de una de las apuestas españolas del mes.

Los cinco datos del día

  • Plataforma: HBO Max, no Netflix. Estreno el viernes 13 de noviembre de 2026.
  • Formato: seis episodios. Thriller de pueblo, producción de Evafilms.
  • Origen: adaptación de la novela homónima de la gallega Ledicia Costas.
  • Dirección: Agustina Macri y Beatriz Sanchís. Guion de Manuel Gancedo y Eduardo Torallas.
  • Antesala: presentación mundial y paso por la sección oficial del South International Series Festival de Cádiz.

Qué hay de cierto en el caso: nada, y por eso funciona

Conviene decirlo pronto, porque el marketing del género empuja a lo contrario: no hay un caso real detrás de «Infamia». No hay dos niñas desaparecidas en un pueblo español que hayan servido de base documental, ni un expediente que el equipo haya consultado. La serie parte de una novela, la que Ledicia Costas publicó con el mismo título, y de ahí construye su propia geografía: Ura, una localidad ficticia que en pantalla se levanta sobre paisajes de Vizcaya. El rodaje en el País Vasco es real; el crimen, no.

Eso no significa que la serie no documente nada. Significa que documenta un mecanismo: el de la desaparición sin resolver como herida colectiva, ese relato que en la ficción española ha dado títulos memorables y que aquí se aborda desde el punto de vista de quien llega veinte años tarde. La sinopsis oficial, recogida por Decine21, sitúa en el centro a Emma Cruz, abogada en crisis existencial que se obsesiona con un caso que ya nadie parece querer reabrir. Lo que empieza como curiosidad profesional se convierte en fijación. Y la fijación, en peligro.

El pueblo, en este tipo de relatos, nunca es un decorado neutro: es un sospechoso. La producción lo asume y lo explota con la lógica del thriller claustrofóbico —secretos familiares, silencios comprados, vecinos que miran hacia otro lado—, un terreno que el espectador español reconoce de inmediato. La novedad no está en el mapa, sino en quién sostiene la brújula.

El trauma no es el subtema: es la estructura

La clave de los seis episodios está en que la investigación exterior y la interior avanzan al mismo ritmo. Emma Cruz no persigue solo a un culpable: persigue una culpa propia. La muerte de su hermana durante la infancia, una pérdida de la que nunca ha dejado de sentirse responsable, es el motor que la empuja a desenterrar lo que el pueblo enterró. Cada paso en el caso es un paso hacia su propio recuerdo. Ese diseño de doble hélice —misterio y duelo— es lo que separa a «Infamia» de un procedimental al uso y lo que exige una actriz capaz de sostener las dos capas a la vez.

Ahí entra Susana Abaitua, nominada al Goya y con un recorrido que va de «Patria» a «Un fantasma en la batalla». La serie le entrega el peso narrativo completo: es su mirada la que ordena el relato y su crisis la que marca el tempo. Si el thriller funciona, será porque el espectador acepta que el caso de las dos niñas es, en realidad, el caso de Emma consigo misma.

Reparto, equipo y una canción de Leiva

Alrededor de Abaitua, el reparto reúne nombres de la ficción española reciente: Ane Gabarain, Jorge Bosch, Jon Olivares, Iñigo Gastesi, Iñigo Azpitarte, Eva Llorach, Asier Oruesagasti y Kandido Uranga, con la colaboración especial del chileno Luis Gnecco. Detrás de las cámaras, la dirección corre a cargo de Agustina Macri y Beatriz Sanchís, con guion de Manuel Gancedo y Eduardo Torallas, música de Aitor Etxebarria —responsable de las bandas sonoras de «Furia» y «El cuerpo en llamas»— y montaje de Vicky Lammers. Como detalle de gancho comercial, Leiva firma e interpreta «Memoria», la canción original de la serie, según detalla Los Lunes Seriéfilos.

Cádiz antes que el salón de casa

Antes de llegar al catálogo, «Infamia» tendrá presentación mundial en el South International Series Festival de Cádiz, donde compite en la sección oficial. El gesto no es menor: el certamen gaditano se ha convertido en la pasarela natural del audiovisual seriado del sur de Europa y permite a la producción medirse ante público y prensa antes del juicio definitivo, el del consumo doméstico. Para HBO Max, que afronta el tramo final del año con una parrilla en la que la ficción española es bandera, el estreno del 13 de noviembre es una de sus cartas más visibles.

El tráiler y el cartel oficial se desvelaron a finales de octubre, y desde entonces la serie ha entrado en el circuito de recomendaciones y listas mensuales. Ahí es donde se ha colado el error que conviene deshacer: varias recopilaciones de estrenos de noviembre la han asignado a Netflix. No lo es. La confusión dice mucho de cómo se consume hoy la información sobre streaming —titulares agregados, plataformas intercambiadas, fechas duplicadas— y bastante poco del trabajo de las notas de prensa oficiales.

Un noviembre de parrilla apretada

El mes llega cargado. Las listas de estrenos que estos días publican medios de ambos lados del Atlántico mezclan grandes franquicias internacionales con apuestas locales, y en ese ruido «Infamia» se juega su hueco. Su ventaja competitiva es clara: producto nacional, género con tirón probado, rostro protagonista reconocible y una premisa —la desaparición sin resolver— que no necesita explicación. Su riesgo, también: el thriller de pueblo es un territorio muy transitado en España y el espectador ha aprendido a distinguir el matiz del cliché.

La respuesta, en cualquier caso, llegará pronto. Seis episodios, una plataforma y una fecha: 13 de noviembre en HBO Max. Y una advertencia para quien llegue buscando un true crime: aquí no hay caso real, solo la ficción bien armada de una culpa que se hereda, un pueblo que calla y una abogada que decide, por fin, no hacerlo.

Redacción — 7 de noviembre de 2026.

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